PIMA REGIONAL SWAT

 

Texto y Fotos: Octavio Díaz Cámara

Yihadistas, enajenados, ladrones de bancos especialmente violentos, cárteles de drogas, grupos armados realizando actividades delictivas,…, son algunos de los riesgos más elevados a los que se enfrentan las fuerzas policiales. Para intentar combatirlos con éxito se organizan núcleos de élite dentro de las estructuras de las agencias de Policía, un recurso largamente -y con gran tradición por cierto- extendido entre las fuerzas estadounidenses de ese carácter.

En estas páginas les vamos a presentar una Unidad Táctica que tiene bastantes similitudes con otras pero que, como punto diferencial, y de ahí nuestro interés en ella, está organizada con recursos de varias agencias de una misma zona, uniendo así sinergias, esfuerzos, personal, economía,…, con un mismo fin y objetivo.

Pima County Regional SWAT

Los protagonistas de este reportaje, que suelen adiestrarse de forma regular en las instalaciones del Pima Regional Training Center (PRTC) que están situadas en el área metropolitana de la ciudad de Tucson en Arizona -lugar que incluye desde galerías de tiro de diferentes distancias a una zona edificada donde simular diferentes intervenciones policiales de carácter habitual o más propias del entorno táctico-, reciben la designación de Pima County Regional SWAT (Special Weapons And Tactics); en su nombre, la palabra regional es la que identifica su peculiar carácter.

Muy profesionales

Hoy, el Pima County Regional SWAT es el resultado de sumar esfuerzos, incidir en una mayor capacidad operativa y añadir recursos para que juntos se obtenga una mejor sinergia desde el punto de vista del coste-eficacia. Surgió como tal en 2006 después de que el  Sheriff Dupnik, máximo responsable del Pima County Sheriff Office (PCSO), se reuniera con los Jefes de varios departamentos del Condado de Pima, incluyendo los de South Tucson, Sahuarita, Marana, Paqua Yaquí, Oro Valley y Aeropuerto de Tucson. Llegaron a un acuerdo policial que buscaba unir determinados recursos para incidir favorablemente en su potencial y efectividad en áreas como la de Desactivación de Explosivos (EOD, Explosive Ordance Detail), la formación o la capacidad táctica.

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Ha pasado una década años desde aquella decisión y a lo largo de ese período el Equipo ha ido creciendo tanto en entidad como en capacidades y medios. Tienen dependencia directa del PCSO y lo hacen a través del “Operations Bureau”. En su seno, el núcleo

“Support Operations” que tiene a un capitán como máximo responsable e incluye: Unidad Aérea, Park Enforcement, Búsqueda y Rescate, y la Sección de Respuesta Táctica (TRS, Tactical Response Section) que aglutina las capacidades de la Unidad de Perros K9, del Equipo de Artificieros EOD y el propio SWAT Regional.

Este último tiene a un teniente como Jefe. Con él trabaja un grupo de oficiales formado por un sargento que actúa como coordinador de la actuación táctica y un oficial que le apoya en temas administrativos relacionados con los adiestramientos, el inventario o la preparación de las misiones, con adscripción total –full time–  al cometido al que nos referimos en este reportaje. Junto a ellos encontramos casi medio centenar de agentes más, todos varones y una mujer. Los cincuenta y dos “tácticos” de la plantilla son complementados con veinte negociadores -uno es del FBI (Federal Bureau Of Investigation)- y diez sanitarios/paramédicos que dan cobertura al Equipo Táctico de Apoyo a Emergencias. Al sumar en total ochenta y dos agentes se les considera una de las principales organizaciones tácticas policiales de los Estados Unidos.

La mayoría de ellos han recibido formación para actuar en situaciones tácticas críticas. Pese a ello, sólo el medio centenar adscrito al son los que responden a misiones operativas. Se reparten entre cuatro equipos tácticos conocidos con los apelativos “Alfa”, “Bravo”, “Charlie” y “Delta”. Son agentes tácticos a tiempo parcial –part time-.

Operativamente hablando lo que suele hacer el sargento responsable es ir recibiendo aquellos avisos que para los que se les requiere y que son unos 70 al año, buena parte de ellos conocidos con cierta previsión para poder organizarlos. A un operativo concreto asigna una de sus escuadras y si es necesario recurre a personal de otra para reforzar su entidad. Si surge otra misión, pues hace lo propio con otra escuadra y así sucesivamente. Sólo en grandes eventos, como en el caso de acontecimientos deportivos de gran magnitud, la presencia en la zona de determinados VIP (Very Important Persons) o situaciones manifiestamente críticas recabarían la presencia de todo el personal disponible.

Esta necesidad, la de tener una mayor capacidad de respuesta a situaciones especialmente exigentes en lo que a personal se refiere, fue el principal motivo que los planificadores argumentaron para la creación de este equipo regional. De esa forma, han conseguido un núcleo más grande, con más capacidades, dotado de más equipo, con más potencial para sus acciones, con un mejor nivel de adiestramiento, capaz de asumir más tipos de misiones y, lo que también es muy importante, con la habilidad de llevar a cabo formaciones más específicas con las que poder asumir cometidos más especializados.

Los oficiales de este SWAT suelen trabajar en lo que es el día a día en sus propios departamentos de Policía y realizando cometidos de lo más diverso, pues hay quienes patrullan con vehículos, otros que son detectives, alguno que realiza funciones de investigación relacionadas con “Homeland Security” y otros que actúan en otras funciones policiales. Cuando se les requiere actúan en toda el área de responsabilidad del Condado y no sólo en la que les correspondería por su trabajo normal, consiguiendo de esta manera que los recursos disponibles sean usados con un mejor rendimiento. Los departamentos a los que pertenecen estos grupos de agentes son los que les pagan su salario y los que les suministran buena parte del equipo que emplean en su cometido táctico.

Formación y materiales

Usan vestimenta de 5.11 y elementos de protección antibala que les son comunes, aunque cada uno lleva dos emblemas el del SWAT Regional y el propio de su agencia. Sobre lo que es el adiestramiento de este personal, señalar que, como corresponde a quienes forman parte de un equipo táctico de primer orden, se toma en consideración todo lo definido por parte de la NTOA (National Tactical Officers Association) en el sentido de programas, planes, niveles y demás. Siguiendo lo que recomienda, tienen un entrenamiento los jueves de cada dos semanas en una serie de estándares que les son propios y que se corresponden sobre todo con los cometidos en los que usualmente trabajan. Trabajan el tiro intenso con sus armas de dotación, realizan simulaciones en todo tipo de escenarios, practican asaltos tubulares en autobuses o aviones de pasajeros, o se ejercitan en lo que son las posiciones propias de los especialistas que forman los núcleos de asalto.

Hay algunos formados en una determinada especialidad. Son los especialistas en aperturas tanto mecánicas como con explosivos, los tiradores de alta precisión que se ejercitan en el manejo de sus rifles, los escuderos en el trabajo propio con los escudos antibala, los conductores de los blindados en el movimiento rápido y seguro con los dos tipos que tienen en dotación o los granaderos en el uso de equipamiento menos letal y en el empleo de lanzagranadas con los que disparar granadas lacrimógenas o de humo. Éstos se concentran cada determinado tiempo para asumir ejercicios concretos que a sólo a ellos les competen y que les dan mejor capacidad. Una vez al año, todo el SWAT se reúne durante una semana para asumir una serie de metodologías y prácticas que mejoran la capacitación del conjunto en los cometidos profesionales que son habituales para ellos, optando también por participar con otras organizaciones policiales o militares en convivencias, conferencias u otras reuniones de especialización táctica. Algunas de ellas son coordinadas desde la ATOA (Arizona Tactical Officers Association) y otras desde la NTOA. En beneficio de ellos y de organizaciones similares proponen sus cursos a terceros, organizando formaciones como el “Basic Breachers Course” que reúne durante tres intensos días a una quincena de agentes para mejorar su preparación en todo lo relacionado con las técnicas de apertura.

En total, cada uno de estos policías tácticos realiza al año entre 34 y 35 jornadas relacionadas con su preparación técnica y táctica. Relevante es concretar que lo que hacen en esos días es incidir en una serie de misiones clásicas para ello, centrándose sobre todo en la ejecución de órdenes de registro y detención que es su cometido más habitual. Practican entradas por binomios, de uno en uno o en equipo, se enfrentan a situaciones con sujetos atrincherados o se ejercitan en la detención de vehículos en la vía pública. Dedican parte de su tiempo a temas como la protección de dignatarios, las detenciones dinámicas, los rescates de rehenes o la intervención en centros escolares para neutralizar a los llamados tiradores activos. Cada año hacen entre setenta y cien misiones propiamente dichas de las que les podemos decir que una tercera parte suelen ser órdenes de detención, una decena intervenciones ante sujetos atrincherados que amenazan a otros o a sí mismos, media docena arrestos de alto riesgo y algunas otras relacionadas con rescate de rehenes o protección de VIP’s.

Ocasionalmente, y a requerimiento de la “Border Interdiction Unit”, se pueden trasladar a la zona fronteriza con Méjico para detener a traficantes de sustancias narcóticas, pues su área de responsabilidad es la más importante de todo el país en lo que se refiere a los drug smugglers que transportan cargamentos más o menos importantes de drogas. Decirles también que realizan prácticas con agencias como la Patrulla de Fronteras o el FBI y que en determinadas alertas, como fue el caso de la congresista Gabrielle Giffords sobre la que dispararon en 2011 en la ciudad de Tucson, se despliegan junto a organizaciones similares para aplicar mayor capacidad resolutiva frente a amenazas determinadas.

Sobre lo que es la selección de su personal, que suele tener lugar una vez al año, decirles que el proceso se inicia con la publicación de un anuncio en el que se da a conocer los requisitos que se piden. Pueden optar agentes, hombres o mujeres, de cualquiera de las agencias que dan sustento a este concepto regional siempre que tengan un mínimo de tres años de servicio activo previo y una recomendación positiva de sus supervisores. El sargento que es responsable de la parte formativa es quien dirige una evaluación que comprende un examen de pruebas físicas (PFT, Physical Fitness Test), una validación en el uso de armas de fuego (IFQ, Instructor Firearms Qualifitcation) que les exige lo mismo que a quienes son instructores de tiro del estado de Arizona o la realización de unas pruebas en las que a través de cuatro o cinco escenarios policiales distintos se evalúa su habilidad para responder a situaciones complejas que se les puedan presentar en el devenir de su actividad. De las mismas se saca un baremo de puntos y aquellos más aptos siguen el proceso con una entrevista personal, en la que participan los mandos y alguien de su mismo rango, en la que se les hacen preguntas, y ellos tienen que responder en un entorno de cierta presión, para ver cómo resolverían diferentes problemáticas y así volver a llevarlos a un punto extremo para observarlos en esas condiciones.

Los seleccionados pasan por un periodo de formación básico, la conocida “SWAT School”. Son tres semanas. Una está totalmente dedicada a lo que es el tiro y dos a lo que son técnicas y tácticas. Los que superen ese adiestramiento se integrarán con sus compañeros para un año de ejercicios conjuntos, periodo de prueba que al final hará que sean o no admitidos en el grupo. Sobre el nivel de exigencia podemos comentar que al proceso de 2015 se presentaron quince candidatos y ocho acabaron siendo escogidos -tres de ellos ya se habían presentado en otras ocasiones-, aunque lo más normal es que el número de los que quedan sea muy inferior. En 2014 de quince quedó uno y en 2013 fueron tres.

Acabaremos estas páginas con un apunte sobre su equipamiento más característico, un material que sumado cuesta más de dos millones de dólares. A su disposición tienen dos blindados -uno de gran tamaño “Bear” y otro de tipo medio “BearCat” fabricados por Lenco y adquiridos con fondos de la Oficina de “Homeland Security”-, cuatro furgones discretos que son usados para intervenciones o para el transporte de equipo, un remolque con equipos de respiración autónoma SCBA, sistemas de comunicación para negociaciones y robots de reconocimiento “Scout” para observación a distancia y uno “Lector HD” en el que pueden instalar armas de disparo remoto como la pistola eléctrica Taser M-26. También, sistemas de vigilancia por fibra óptica o por infrarrojos, visores monoculares nocturnos, mantas balísticas para evacuación de personal y escudos antibala para protección propia, uniformidad y máscaras para actuaciones CBRN (Chemical, Biological, Radioactive, Nuclear), una decena de rifles de precisión del calibre 7,62x51mm y del 12,70x99mm, lanzagranadas de 37 y de 40mm, pistolas Glock 22 del calibre .40 Smith & Wesson o fusiles de asalto tipo M4 del 5,56x45mm que llevan instalados visores de punto rojo de Aimpoint. A lo reseñado, sumar el equipo personal que comprende cascos antibala tipo ACH, chalecos balísticos con anclajes tipo MOLLE (Modular Lightweight Load-carrying Equipment) o chalecos porta placas pensados para detener proyectiles especialmente potentes.

Artículo publicado en el número de Julio 2017 de la Revista Tactical Online