Supresores mucho más que silencio

Fusil sniper APR .338LM B&T
Fusil APR .338LM con supresor B&T

Desde el año 1900 el gran reto ha sido reducir, en todo lo posible, el ruido que causa el disparo de un arma de fuego. Todo empezó en 1908 cuando el ingeniero industrial Hiram Maxim patentó el primer Supresor en los Estados Unidos. Durante años distribuyó un “silenciador” entre las ferreterías del país que lo vendían por 3,25 dólares la unidad.

En los años veinte, su utilización por parte del crimen organizado llevó a la Administración norteamericana a buscar la manera de prohibir su comercialización. Esta prohibición chocaba frontalmente con la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, así que se decidió aplicar una elevadísima tasa impositiva.

En 1934 se aprobó el Acta Nacional de Armas de Fuego donde las escopetas, rifles de cañón corto y los Supresores fueron gravados con una tasa de 200 dólares, algo prohibitivo para la época.

Durante el periodo comprendido entre los años 40 y finales de los 70 no existió una necesidad clara sobre la utilización de los Supresores, razón por la cual su desarrollo fue muy limitado.

Durante los últimos 30 años, y debido al desarrollo de las nuevas tecnologías que han ayudado al diseño en 3D y las simulaciones, el interés por los Supresores ha crecido de manera exponencial, ampliando su funcionalidad más allá de la reducción sónica.

En la actualidad un Supresor es utilizado para reducir la onda sónica, el Flash del disparo, para estabilizar el arma y reducir la huella del tirador.

El término “silenciador” es incorrecto ya que en ningún momento podremos silenciar el sonido que emite un arma, podremos suprimir en mayor o menor medida el mismo, pero nunca silenciarlo.

FACTORES A TENER EN CUENTA EN LA ATENUACIÓN SÓNICA DE UN DISPARO

Existen cuatro componentes que juntos nos hacen percibir lo que todos conocemos como disparo. En orden de mayor a menor intensidad son:

  • La onda expansiva de los gases  propelentes.
  • La rotura de la barrera del sonido por parte del proyectil.
  • El mecanismo metálico del arma.
  • El vuelo del proyectil.

De estas cuatro variables, el supresor solo puede actuar sobre el primer factor, la onda expansiva.

FACTORES EN LOS QUE NO ACTÚA EL SUPRESOR

El vuelo del proyectil es un “siseo” dependiente de las condiciones atmosféricas y de la propia forma del proyectil, que siempre se reducirá cuanto menor sea la velocidad del proyectil. Los niveles sónicos de este factor se podrían dar como “inapreciables” en exteriores.

El mecanismo del arma, al accionarse un disparo es inherente a la misma e imposible de reducir. El sonido metálico del mecanismo del cierre en su movimiento para expulsar la vaina y alimentar el siguiente cartucho es un sonido con el que deberemos contar. Sí podemos reducir el sonido de la vaina en su caída al suelo utilizando un dispositivo conocido como “cazavainas” que se adapta a la ventana expulsora del arma y atrapa la misma.

La rotura de la barrera del sonido por parte del proyectil. Fácilmente evitable utilizando munición subsónica.

COMO FUNCIONA UN SUPRESOR

Para actuar sobre la onda de presión que genera la rápida expansión de los gases propelentes se emplean dos mecanismos.

Reducir la presión: Al realizarse un disparo la pólvora se inflama detrás del proyectil, creándose un pulso de alta presión de gas caliente. Esta presión precipita al proyectil a lo largo del cañón del arma. Cuando es expulsado del cañón es como descorchar una botella. La presión tras el proyectil es inmensa, del orden de 208 Atmósferas; por lo tanto el “pop” que realiza el cañón al “descorcharse” es extremadamente sonoro.

El Supresor tiene un volumen interno de 20 a 30 veces superior comparado con el cañón. Por lo que el gas presurizado tras el proyectil tiene un gran espacio para expandirse.

Una vez expulsado el proyectil fuera del Supresor el gas resultante es mucho menor, sobre 4 Atmósferas.

Termodinámica: La segunda responde a la Ley de la Termodinámica de Newton (la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma) donde parte de la energía cinética del impulso sónico se convierte en calor.

¿SON TODOS IGUALES?

Rotundamente no. Encontramos multitud de Supresores en el mercado con diferentes ingenierías internas. Igual que el mecanismo de un arma, el desarrollo tecnológico interno y su influencia sobre el proyectil marca la diferencia.

Al añadir un dispositivo al cañón  obtendremos una variación en el Punto de Impacto del proyectil, así como una dispersión. Encontrar el que menos afecte a los resultados esperados es tarea fundamental.

El peso y la longitud también son factores fundamentales en la aceptación de un Supresor ya que estamos añadiendo un peso extra al extremo del cañón, el cual nos distorsiona el balance natural del arma. En este punto tenemos que remarcar que no siempre una mayor longitud y peso resultarán en una mayor atenuación. De manera tradicional si era así, ya que a mayor espacio para frenar los gases menor sonido.

Pero hoy en día, con las nuevas tecnologías, la disposición interna del Supresor y su capacidad para distorsionar la onda de presión en el menor espacio posible marcará la diferencia entre los diferentes Supresores del mercado.

Supresores Surefire
Supresores Surefire

Con la mayoría de los Supresores, si son utilizados con cartuchos supersónicos, obtendremos una reducción del disparo de 18-32 dB. Esto representa el límite impuesto por el sonido de un proyectil supersónico. Al reducirse el sonido del disparo, la rotura sónica se convierte en el sonido predominante. De una manera subjetiva podríamos decir que un cartucho supersónico del calibre 5.56×45 disparado con un arma dotada de supresor nos transmitiría el mismo sonido que un rifle del calibre .22, o entre 139 – 141 dB.

La supresión con un cartucho subsónico se aproximará a los 40 dB de pico de reducción resultando en un sonido real de 115 dB, por lo que el mayor sonido lo realizará el mecanismo metálico del arma y el impacto sobre el objetivo.

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SONÓMETRO ESTÁNDAR vs. SONÓMETRO DE PICO

La medición de la reducción sónica que nos ofrece un Supresor no es una tarea sencilla. Debemos contar con un “Sonómetro de Pico”. Un disparo estándar tiene un pico máximo que se origina en no más de 20 microsegundos, seguido de una serie de ondas que se van atenuando. Mientras los sonómetros comunes miden el ruido ambiente durante un periodo de tiempo determinado, el Sonómetro de Pico nos mide el sonido máximo alcanzado.

¿Por qué no puedo hacer esto con un sonómetro “normal”? Pues porque son instrumentos de medición diseñados para medir situaciones distintas, y así han sido fabricados. Las mediciones que podemos obtener son una ecuación resultante del sonido registrado durante un tiempo determinado, que va desde los 50 microsegundos (en el mejor de los casos) hasta un segundo completo. Por lo tanto nos calculará la media resultante del sonido registrado durante el tiempo determinado.

Como ejemplo podríamos poner un ordenador de a bordo de un vehículo y un radar de tráfico. Ambos miden la velocidad del mismo, pero mientras el primero nos calcula una media de velocidad entre dos puntos y durante un tiempo determinado, el segundo nos muestra la velocidad alcanzada en un punto determinado.

Ejemplo: Si en el espacio de 1 kilómetro arrancamos, alcanzamos una velocidad de 150 km/h a la mitad del recorrido y frenamos hasta 0 km/h al final, recorriéndolo en un 1 minuto, obtendremos una velocidad en el ordenador del vehículo de 60 km/h. Si un radar de tráfico está situado en la mitad del recorrido, nos dará una velocidad de 150 km/h.

La normativa reconocida internacionalmente y reguladora de todos los aspectos relativos a la medición del sonido producido por un disparo es la MIL-STD- 1474C.

Medición en campo de tiro
medición en campo de tiro

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DECIBELIOS 

Un decibelio es la unidad utilizada para medir el nivel de potencia y el nivel de intensidad del sonido. El dB submúltiplo del Belio miden la percepción de los sonidos recibidos por un oyente. Al ser una unidad relativa se ha tomado como referencia umbral de audición de 0dB que equivale a un sonido con una presión de 20 micropascales.

 La formula para el cálculo de la sensación recibida por un oyente siendo el nivel de potencia Lw, en decibelios.

Los dB son una unidad logarítmica; esto significa que los valores no son lineales. Como ejemplo podemos tomar que una diferencia de 100 a 200 dB no representa el doble de sonido, si no un incremento de 1.000 veces el sonido inicial.

El oído humano no percibe igual las distintas frecuencias es por este motivo que se definió el decibelio A (dBA) una unidad de nivel sonoro medido con un filtro previo que quita parte de las frecuencias bajas y muy altas. Algunas empresas también facilitan los dBA para disponer del valor subjetivo de atenuación.

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Estabilidad, reducción de la huella, reducción del FLASH, reducción de las Lesiones

Actualmente en un Supresor valoramos muchos más factores que la “simple” reducción de la huella sonora.

Freno de Boca – El supresor es más efectivo reduciendo el retroceso del arma, más que el mejor freno de boca del mercado. Podemos encontrarnos una reducción de hasta el 40% de retroceso.

También obtenemos una estabilidad mayor en el arma al situar un peso extra en el extremo del cañón, evitando la sobreelevación y optimizando la readquisición rápida del objetivo.

Reducción de la Huella – Sobre todo en grandes calibres (.338 LM  ó .50 BMG) la no expulsión de la onda de presión a través de las ventanas laterales del freno de boca evitará levantar polvo y restos del suelo, por lo que la readquisición del blanco se realiza de una manera mucho más rápida. Nuestra posición no queda comprometida por una gran nube de polvo.

Además, durante la progresión en interiores no expulsamos, en el momento del disparo y a través del freno de boca, ningún residuo hacia los laterales, donde probablemente se encuentren otros miembros de nuestro equipo, reduciendo así la posibilidad de accidentes.

Supresor

+ Estabilidad

– Sonido

– Lesiones

– Flash

Reducción del Flash – Al disparar con Supresor disponemos de un espacio mayor para quemar completamente los restos de pólvora que, de manera habitual, realizan su ignición fuera del cañón provocando una llamarada en el exterior. Este “flash” será mayor o menor dependiendo del cartucho empleado y de la longitud del cañón.

El uso de supresor reduce prácticamente en su totalidad el flash. Esto nos permite una mayor ocultación al no poder localizar el enemigo de donde provienen los disparos. Además, durante la utilización de visión nocturna el flash puede cegarnos al realizar disparos sin supresor.

Entrenamiento – La realización de ejercicios sin ningún dispositivo de protección acústica, favorece la reproducción de un escenario más aproximado al que nos encontraremos en ZONA. Podremos encarar el arma sin el obstáculo que representan la mayoría de cascos de protección acústica.

Lesiones – El uso continuado de armas de fuego sin protección adecuada causa lesiones auditivas, en mayor o menor medida, a todos los tiradores. Si esto lo trasladamos al mundo militar donde no en todas las practicas se emplea protección acústica, y si es utiizada casi nunca es la protección apropiada, tendremos un grave problema de bajas médicas y lesiones irreversibles.

El oído interno consta de dos partes, el labyrinthus osseus y el labyrinthus captivus. El primero se encarga del equilibrio, mientras que el segundo pertenece al órgano de la audición. En esta zona existen unas estructuras, filamentos de diferentes longitudes conectadas a los nervios. Estas estructuras resuenan a diferentes frecuencias y son extremadamente sensibles. Con sonidos fuertes estos sensores se inflaman. Si esto es repetitivo, la inflamación se convierte en algo crónico y éstos dejan de funcionar. Cuando dejan de funcionar la frecuencia asociada a ese sensor en particular no vuelve a ser percibida. Los filamentos más cortos (altas frecuencias) son los primeros en dejar de funcionar. Los medios mecánicos, como tapones, reducen el sonido en el tímpano pero permiten la transmisión del sonido (ondas) a través del cráneo, al oído interno. Los cascos son una buena medida de protección, siempre que se aproximen más a 30 dB de reducción sónica que a 20 dB.

 Este artículo apareció originalmente en Tactical Online Junio 2011 

 

Un comentario sobre “Supresores mucho más que silencio”

  1. Excelente artículo amigo, gracias por esa información, me sirvió de mucha ayuda.
    javier valecillos morloy
    Oficial del Ejército de Venezuela

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